Hace unos días hablé con una profesional que me compartió algo que muchos no dicen en voz alta, pero que más de uno siente en silencio.

A pesar de prestar un servicio impecable, su cliente  no cumplía con lo que habían acordado al inicio: improvisaba horarios, no avisaba cambios, pagaba tarde, pagaba mal.

Ella trataba de adaptarse, de ser amable, de sostener la relación… hasta que un día puso un límite razonable:

“Así no puedo organizarme. Prefiero no continuar.”

Un mensaje cordial, profesional, necesario. El cliente hizo silencio.

Y todo quedó ahí… hasta que, días después, aparece una mala reseña pública en la plataforma donde trabajaba.

Una reseña suave, disfrazada de elogio, pero con un tiro por la espalda:
         “El servicio es bueno, pero es difícil acordar los horarios con ellos”.

Para cualquiera sería molesto.  Pero para ella fue devastador.

Y ahí apareció lo importante:
no era la reseña en sí… era el déjà vu emocional.

Su cuerpo reaccionó como si estuviera frente a una amenaza real:
culpa, angustia, miedo al conflicto, esa sensación de “por qué me culpa por algo que no es cierto”.

En neurobiología esto es clarísimo:  cuando alguien invierte la carga —cuando el otro hace mal las cosas pero te señala a ti— tu sistema nervioso no responde al presente, sino a la memoria.

No es inseguridad adulta: es una respuesta antigua.
Es el niño que aprendió que hablar trae problemas, que marcar un límite tiene consecuencias, que al final la culpa siempre vuelve.

La reseña solo fue el detonante.

3 posibles caminos:

1) Callarte y bancarte la injusticia

El clásico. Te quedás “de pie”, pero por dentro estás destruído. Soltaste a la otra persona, pero algo quedó sin resolver. 

2) Explotar con bronca y perder tu centro

Descargar el enojo, pero quedar expuesto, desregulado y sin estrategia.

3) Volver al adulto, aclarar lo necesario, y soltar la batalla interna

Decir lo que corresponde sin autodestruirte, sin justificarte en exceso, sin devolver la carga que no te pertenece.

Lo importante: esto no es sobre lo «otro»

No es sobre la reseña.
No es sobre ese cliente.
No es sobre ese trabajo.

Es sobre la historia que tu cuerpo trae puesta.

La reseña solo tocó un vidrio viejo que ya estaba astillado.

¿Qué te propongo HOY, concretamente?

  1. Elige responder.  No para salvar tu imagen. Sino para recuperar tu dignidad interna.
  2. Redacta tres posibles respuestas con los siguientes títulos: 1- respuesta desde la bronca, 2- respuesta desde la complacencia, sin decir nada. 3- respuesta desde el lugar de adulto. 
  3. Elige la última y reescríbela hasta que sientas que está aclarando, sin involucrarte emocionalmente
  4. Hacer una acción de autocuidado inmediatamente después.
    El cuerpo necesita registrar que no corriste a justificarte ni a castigarte.
  5. Renovar tus condiciones laborales:
    • días previamente fijados
    • avisos con 48 hs
    • Pago: anticipación, montos (totales y parciales)
    • Comunicación clara y precisa
    • penalización si cancelan último momento

          Eso se llama subir el estándar.

  1. Y lo más importante:
    No te calles más.
    No por pelear, sino porque cuando hablás desde ti, tu alma respira.

A veces una mala reseña no hiere el presente. Hiere la memoria.

Y cuando lo entendés, te volvés libre para responder desde tu versión adulta… y no desde la historia que otros te hicieron cargar.

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