El mito del coaching en las empresas: cuando hablar de personas parece una pérdida de tiempo
He notado que en muchas organizaciones, cuando se planifica una jornada laboral o una reunión de resultados, el tiempo destinado al “factor humano” suele quedar fuera de agenda.
El foco está en los números, los reportes, los procedimientos… todo aquello que puede medirse. Y sin embargo, lo que realmente sostiene esos resultados no se mide: se siente.
Existe una creencia silenciosa —casi un mito— de que el coaching o las conversaciones profundas son algo “blando”, emocional o incluso nos hace parecer débiles. Como si hablar de compromiso, de confianza o de propósito fuera un lujo reservado para otros contextos, no para la empresa.
Pero la realidad es que cuando los equipos no se detienen a conversar, terminan repitiendo conductas que bloquean el mismo cambio que buscan generar.
Porque los cambios no empiezan con nuevas instrucciones, sino con nuevas interpretaciones. Y ahí es donde el coaching tiene un lugar esencial.
Cuando el trabajo en equipo se enseña, pero no se entrena
Podemos enseñar procesos, protocolos o técnicas. Pero lo que realmente define a un equipo no es lo que sabe, sino la #actitud con la que enfrenta lo que no sabe.
El #compromiso no se impone: se inspira. Y la actitud no se entrena con PowerPoint: se construye en la conversación.
Un equipo comprometido no es aquel que evita los conflictos, sino el que se atreve a tenerlos con respeto y propósito.
El coaching no es debilidad; es el coraje de mirar lo que no está funcionando, sin culpas, pero con responsabilidad. Es el espacio donde cada integrante puede preguntarse: ¿Qué parte de este resultado depende de mí?
Del discurso a la práctica: cómo entrenar el compromiso
✔1. Comenzar con una pausa. Iniciar cada jornada con un minuto de silencio o reflexión. No para “perder tiempo”, sino para recuperar presencia.
✔2. Conversaciones de propósito. Preguntar: ¿para qué hacemos esto? —no solo qué ni cómo. Las personas se comprometen más con un sentido que con una tarea.
✔3. Feedback apreciativo. Reconocer antes de corregir. Lo que se valora se repite; lo que se ignora, se desvanece.
✔4. Historias reales. Incluir relatos de quienes transformaron su forma de trabajar a partir de un cambio de mirada. La inspiración es contagiosa.
✔5. Cierres con compromiso personal. Cada integrante comparte en voz alta un compromiso concreto: “De mi parte, me hago responsable de…”. Esa simple frase cambia el tono de toda la reunión.
Y cuando una organización comprende eso, las reuniones dejan de ser una obligación para convertirse en un espacio de conciencia colectiva.
Porque los equipos no cambian por planillas: cambian por conversaciones que los vuelven humanos otra vez.
El coaching no quita tiempo: devuelve sentido.